Editorial

25 de Enero de 2015

Agua sucia

Enero agobiante, falta de agua y silencio oficial. En la vereda de enfrente, vecinos indignados que requerían una mínima expresión de respeto, al menos como usuarios, pero no la hubo. Funcionarios y titular del Ejecutivo de vacaciones cuando la ciudad ardía y concejales de la oposición que no estuvieron, una vez más, a la altura […]

Diego Ferrari

Enero agobiante, falta de agua y silencio oficial. En la vereda de enfrente, vecinos indignados que requerían una mínima expresión de respeto, al menos como usuarios, pero no la hubo. Funcionarios y titular del Ejecutivo de vacaciones cuando la ciudad ardía y concejales de la oposición que no estuvieron, una vez más, a la altura de las circunstancias. Mientras tanto, en las redes sociales, personajes oportunistas se apoderaban del discurso y daban a conocer una realidad un tanto distorsionada en algunos puntos. Un ex Director de Medio Ambiente daba lecciones de moral y otros se encargaban de aplaudir. Hoy, a solo dos semanas de lo ocurrido, ya no están, desaparecieron… se los llevó el agua. Aparecen y desaparecen con la misma intensidad con la que denuncian, cambian de perfil, mutan y continúan generando malestar sin aportar un solo dato constructivo. Los hay, y a decenas…
Sin dudas, la persona que se merece un párrafo aparte en toda esta situación es quien se transformara en el mayor vaticinador de desgracias en aquel momento: el señor Diego Ferrari, quien estuvo a cargo de la Secretaría de Medio Ambiente hasta principios de 2014. Un funcionario que autorizó un depósito de agroquímicos cuando las ordenanzas lo prohíben, argumentando “que cumplía con los requerimientos necesarios”, y dio el “OK” de manera verbal para la instalación de una antena en pleno centro de la ciudad; un funcionario que años anteriores se encadenó frente a su casa por un alquiler impago; que además clausuró un criadero de pollos en Monte Ralo con fajas de las Municipalidad de Alta Gracia, y que entre otras cosas, se fue de su anterior trabajo bajo una carpeta psiquiátrica. Ese mismo funcionario fue quien se encargó de difundir, en plena emergencia hídrica, un escrito en facebook (“Agua saborizada”), donde plasmaba una realidad que, de ser verdad, era de absoluta gravedad y debía ser tratado de otra manera por los organismos judiciales correspondientes. En sus manifestaciones hablaba de que luego de ocurridos los incendios forestales en septiembre de 2013, el Laboratorio de Aguas municipal elaboró un informe (firmado por la farmacéutica Roxana Badesso y el bioquímico Adolfo González) donde advertía, siempre según sus dichos, la gravedad del estado del agua y la posibilidad de que la situación empeorara de producirse lluvias. Asegura además que el intendente de ese momento bromeó sobre el asunto y dijo que anunciara que el agua domiciliaria fuera hervida así la gente tomaba “agua saborizada”. Afirmó además que le solicitaron que destruyera dicho informe. Nada de esto pudo ser comprobado y lo único que quedó en poder de varios fue aquel famoso informe que, leído quizás con más tranquilidad, se puede comprobar que se advierte en el mismo sobre una situación que debía mejorarse, pero no hablaba de “emergecia” ¿Inocente y errónea interpretación?. Seguramente se trató solo de eso. Un caso similar le sucedió cuando visualizó de manera equivocada los supuestos “elevados” montos de pauta publicitaria que recibirían los medios locales y decidió contarlo en Facebook; una realidad absolutamente errónea que puede ser corroborada por cualquier persona en el municipio, ya que tales datos son de acceso público. A Ferrari se le ocurrió hablar de pauta publicitaria en medio de una crisis hídrica, como si los medios fuesen los culpables de la situación; demasiado fuerte para quienes necesitaban entender qué estaba sucediendo. También optó por denunciar (un año y medio después y en plena emergencia social) hechos de gravedad pública e institucional en una red social y luego borrar alguas expresiones, manifestando una conducta poco seria y alarmante. Sin dudas, esta experiencia pone de manifiesto la inmadurez que presentan algunos funcionarios que creen estar capacitados, y descubren que no lo están luego de cobrar tres años de sueldo.

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