Editorial

01 de Noviembre de 2014

Cerca del abismo

El Partido Socialista ha tenido importantes avances de índole provincial y nacional en los últimos años, a tal punto, que hoy se encuentran prendidos en la lucha que intenta lograr el primer presidente socialista de la historia argentina. El pasado mes, Roberto Birri asumió como autoridad a nivel provincial y fue apoyado por distintas fuerzas […]

El Partido Socialista ha tenido importantes avances de índole provincial y nacional en los últimos años, a tal punto, que hoy se encuentran prendidos en la lucha que intenta lograr el primer presidente socialista de la historia argentina. El pasado mes, Roberto Birri asumió como autoridad a nivel provincial y fue apoyado por distintas fuerzas que convergen en un mismo frente. En su alocución, Birri invitó a construir una alternativa “al modelo agotado de Unión por Córdoba en la Provincia” y posteriormente convocó a la militancia socialista a “ponerle el hombro a la campaña de Binner para tener el primer presidente socialista de la Argentina en el año 2015, contar con intendentes, mayor cantidad de concejales y lograr un crecimiento del Socialismo en toda la Provincia” Sus palabras parecieran estar hablando de un partido que crece vertiginosamente, sin embargo, aquí, en nuestra ciudad, la cosa es diferente.

La del cangrejo
Allá por el año 2007, el Socialismo pudo, por fin, lograr una banca en el Concejo Deliberante de la ciudad y romper con el histórico bipartidismo. Algunos de los principales referentes del partido, Fabio Iznardo, o el propio Oscar Caviglia, han tenido coincidencias a la hora de determinar los orígenes del partido y mencionaron en varias oportunidades que la lucha comenzó en un salón con poquita gente y mucho recorrido por las principales problemáticas de Alta Gracia y en poco tiempo fue creciendo a pasos agigantados; sin embargo, parece que la historia siguió los pasos del cangrejo y lejos de avanzar, volvió para atrás. Hoy, aquel tan codiciado sillón del recinto legislativo, está corriendo riesgo de desaparecer de sus manos y ser ocupado por otras fuerzas que mediante un trabajo de hormiga y con la picardía afín a las circunstancias, se arriman despacito a la sede de calle Belgrano.

Las causas pueden ser muchas, aunque las más evidentes fueron el quiebre que se produjo cuando Julia Elías decidió permanecer más de la cuenta en su lugar y “olvidó” un acuerdo previo que la mantenía solo dos años como concejal; los espacios que la UCR fue ganando en este último tiempo y que sólo pertenecían al socialismo y por último que el joven edil que la sucedió (Rodrigo Martínez), extinguiera lentamente el fuego que tenía al comienzo de su gestión hasta llegar a un trabajo casi de escritorio que lo pone muy lejos de la realidad social.

Haciendo un repaso por el trabajo legislativo realizado en los últimos meses, uno, como ciudadano, comienza a comprender que a veces el esfuerzo puede ser el óptimo, pero para lograr resultados positivos se necesita mucho más que eso. Salir a la calle, dialogar con los vecinos, aprender a mirar un poquito más allá del presente y evitar argumentos fundamentalistas, es un comienzo importante para aquel que quiera hacer una buena tarea legislativa. Ejemplos hay y muchos, donde los proyectos dejan entrever una gestión que, aunque muy nueva, se vislumbra bastante cansada. Algunas de las solicitudes, a pesar de que plasman una realidad preocupante a nivel provincial, están fuera de eje y prácticamente casi fuera de espacio. En Alta Gracia hay situaciones por demás conflictivas que aún no se han resuelto, necesidades urgentes que esperan una mirada política más globalizante y que, por sobre todas las cosas, pide a gritos una intervención seria, de pantalones largos, sobre todo de aquellos que levantaron la bandera de lo social y se comprometieron a estar a la par de la gente.
Todo puede mejorar si se hace una autocrítica auténtica, y se evitan las defensas a ojos cerrados. Aquellos referentes que apostaron a su representante en el legislativo deberían rever, acompañar y por sobre todas las cosas, recordar que el 2015 está muy cerca.

Por Claudia Fernández


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