Sociedad

28 de marzo de 2013

La democracia argentina: 30 años después

Resumen dialogó con dos protagonistas locales de lo que fue la historia más oscura de nuestro país: Osmán “Puli” Álvarez y Rodolfo Uranga, quienes describen parte de lo que vivieron en los tiempos de dictadura y comienzo de la democracia.

Rodolfo Uranga y Osmán “Puli” Álvarez

Osmán “Puli” Álvarez fue el primer Secretario Legislativo de la democracia en Alta Gracia, entre 1983 y 1987. También Convencional Constituyente y dos veces concejal (una por la Unión Cívica Radical y otra por Unión Por Córdoba). Es empleado municipal desde hace 32 años. Nació y se crió en la ciudad.

Tiene 63 años y actualmente es jefe del Archivo de la Biblioteca Municipal Bartolomé Mitre, donde fue a parar en 1990 luego de que se enfrentara con Mario Bonfigli. Allí renunció a la UCR, “aunque no a mis ideales”, aclara.

Rodolfo Uranga hace más de 40 años que es docente. Es Ingeniero Agrónomo y actualmente tiene 65 años. Está al frente de una cooperativa de trabajo y fue candidato por el Partido de los Trabajadores y del Pueblo. Se asume como un militante de izquierda que no ha perdido las esperanzas y sigue teniendo, según sus propias palabras, “el mismo amor al pueblo y los mismos ideales de cuando era joven”.

Una historia de amor y militancia

El 24 de marzo de 1976 –el mismo día del golpe– los militares lo fueron a buscar a su casa. Pudo escaparse, permanecer escondido en Alta Gracia durante un mes (“tenemos en el pueblo gente maravillosa, que se jugó por nosotros y nos guardó”) y luego deambuló por distintos lugares de la provincia.

En cambio su mujer –a quien le hicieron simulacro de fusilamiento– y su hijo, entonces bebé, fueron secuestrados. Semanas más tarde se reencontró con su esposa, ya liberada de la cárcel del Buen Pastor. Pero al año siguiente fue detenida nuevamente, esta vez junto a su madre. Ambas terminaron alojadas en la cárcel de encausados del barrio San Martín, previo paso por el Centro Clandestino denominado La ribera, donde fueron torturadas.

Cuando en 1979 liberaron a su madre y su mujer fue trasladada a la cárcel de Devoto, Uranga partió a Buenos Aires, donde se reencontró con su esposa en 1980. “En la clandestinidad seguimos la pelea, y hasta tuvimos nuevos hijos. Yo iba y venía de Buenos Aires a Córdoba, siempre clandestino, tratando de llevar y traer información para los presos”. A él nunca pudieron agarrarlo. Tampoco se exilió. Continuó dando batalla hasta que retornó la democracia.

Una ética hoy ausente

En 1970, luego del Cordobazo, Álvarez ingresó a trabajar a una planta de Renault, donde fue elegido delegado del SMATA. En sus andares por “la corriente progresista del sindicalismo cordobés” –como la denomina– compartió luchas y esperanzas con hombres como Agustín Tosco, René Salamanca y Atilio López, a quienes reivindica –sobre todo en contraste con la actualidad– por el respeto que tenían al dinero y a los afiliados de sus gremios. “Salamanca iba y venía de acá para allá todo el día, y se gastaba plata sólo para tomarse un café con leche o un panchito y una coca”.

Deudas y virtudes de la democracia

Para “Puli” Álvarez, la gran deuda de la democracia es el lastre que se arrastra con la mediocridad de la dirigencia. La gran virtud: que posibilita la esperanza. “Podes pensar en modificar el presente; en una dictadura está anulada la esperanza”.

Rodolfo Uranga considera que más que de la democracia, la gran deuda que se vive en el país es responsabilidad de los políticos, de los que teniendo las herramientas para dirigir no supieron ir a fondo para cambiar la situación. Y del pueblo también, que pudo transformar la democracia formal en una de auténtica participación popular.

Frases

“Hoy en día nuestra ciudad está sumergida en la mediocridad. No hay una idea, se gobierna sobre el día a día, sin planificación”. Osmán “Puli” Álvarez

“Veníamos de una historia y la dictadura la cortó. Antes de 1976 las condiciones laborales y los salarios beneficiaban mucho más a los trabajadores y la desocupación que hubo años más tarde no era ni siquiera imaginable”. Rodolfo Uranga

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