Editorial

16 de Octubre de 2014

Que el árbol no nos tape el bosque

Desde el martes al domingo, se llevó adelante el Festival de la Palabra en la ciudad. Charlas, mesas de diálogo, exposiciones, talleres, teatro, cine, narradores, etc, estuvieron a la orden del día y fueron  llevadas adelante por excelentes personalidades… sin embargo, pasó inadvertido para gran cantidad de gente. Aquel que no tuviera vinculación con la […]

Desde el martes al domingo, se llevó adelante el Festival de la Palabra en la ciudad.

Charlas, mesas de diálogo, exposiciones, talleres, teatro, cine, narradores, etc, estuvieron a la orden del día y fueron  llevadas adelante por excelentes personalidades… sin embargo, pasó inadvertido para gran cantidad de gente.

Aquel que no tuviera vinculación con la cultura local o niños en el ámbito escolar, no se enteró de lo que estaba pasando.

Una opción diferente y arriesgada
El Festival de la Palabra  se  presentó en sociedad  como  una manera innovadora de perpetuar en el tiempo un evento por demás tradicional: la Feria del Libro.

Mediante la incorporación de conocidas figuras, se intentó dar un giro a la costumbre de presentar un stand con libros y se combinaron, en cambio, diferentes eventos interactivos con la intención de ir “un poquito más allá”.

Desde el aspecto cultural, se logró ampliamente el objetivo  ya que un Pacho O`Donnell, un Ezequiel Martínez o un Darío Sztajnszrajber no se los encuentra a la vuelta de la esquina todos los días, y sin embargo, se brindaron en nuestra ciudad, con charlas extensas y sin filtros durante más de una hora.

Pero… ¿el aspecto popular? ¿Cómo es posible que con una programación de lujo, con publicidades en los medios locales y cartelería en el centro de la ciudad, solo asistieran 10 personas a la charla que dio el sábado por la noche el hijo de Tomás Eloy Martínez? ¿o que el espectáculo infantil que se brindaba esa misma tarde estuviera a punto de levantarse por falta de público? ¿Cuál es la pata que le falta a la mesa? ¿O será que realmente a los altagracienses no nos conforma nada?

Hay opciones
Sobre esto, la titular de Cultura de la ciudad, Adelina Coda fue tajante y clara: “La gente encuentra lo que busca”, aunque no negó que se hayan hecho fuertes debates sobre el tema.

“Hay que rever muchos aspectos, aunque la idea principal es muy buena”, remarcó.  Sin embargo, el árbol no debe tapar al bosque y la alegría de haber cerrado el festival con un buen marco de público, no debe evitar hacer autocrítica y ver que aspecto es el que se está fallando para que el evento se popularice y logre convencer “al resto” que no supo lo que estaba ocurriendo. 

Un  festival montado en carpas en la plaza Solares con pasacalles en diferentes zonas de la ciudad, difusión personalizada en localidades y ciudades vecinas… algunos pequeños cambios para que se “venda” de otro modo y que  la mayoría “compre”, sería una buena opción para fomentar el turismo local y perpetuar nuestra cultura.

¿Y por casa cómo andamos?

Sabemos además que no todo el saco debe caer en el que hace, también es cierto que la responsabilidad es de aquel que deja hacer y mira desde la vereda de enfrente.

Es cierto que se pueden producir cambios y que los encargados del evento deben revisar algunos aspectos, pero la apatía generada por nosotros, los altagracienses, es digna de destacar. Durante el fin de semana hubo eventos de todo tipo y de nivel internacional: golf, bicicross, el cumpleaños de Banfield, la fiesta del Divino Niño, maratón, el Festival de la Palabra, etc y pese a ello, el público asistente a la mayoría de ellos fue extranjero.

Nosotros, los vecinos, aquellos que estamos en primera fila a la hora de demandar  un cambio,  seguimos esperando sentados en el sillón  y con el control remoto en la mano que la programación se modifique de una vez.  

Por Claudia Fernández

FOTO: El historiador, escritor y ensayista, Pacho O’Donnell, fue una de las figuras más importantes del Festival de la Palabra.

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