Desde el Tribunal de Cuentas de Villa La Bolsa denunciaron una nueva problemática que siembra más dudas alrededor de la gestión de Verónica Diedrich. Al parecer, existen irregularidades alrededor del manejo y la facturación de lo recaudado por el estacionamiento en la bajada al río Anisacate durante esta temporada de verano. Al parecer, el desmanejo sería millonario.
Desde el organismo estiman que el estacionamiento recaudó «aproximadamente $3 millones», pero que no se sabe exactamente el monto. «En la Comuna solamente hay una documentación que respalda con órdenes de ‘ingresos varios’«.
«Cuando tomamos la carpeta del mes de diciembre, enero, febrero y marzo nos encontramos con que todo lo que tenía que ver con el estacionamiento del río no estaba registrado de manera legal. No encontramos el total y cuál era la cuenta para la gente que trabajó en la denominada Patrulla del Río y cuánto quedó en la Comuna», indicó Liliana Flores, titular del Tribunal, a RESUMEN.
Para agravar la situación, Flores comentó que al reunirse con el tesorero de la Comuna, insólitamente éste le pasó una planilla «hecha a mano y con números tachados» y un cuaderno Rivadavia.
«Nos pasa un monto de lo que habría ingresado a la Comuna. Esa cifra no coincide con el cálculo de la documentación que nos entregó. Ahí nos asombramos porque nos muestra una planilla hecha a mano con números tachoneados, fechas que no coinciden, renglones de varios días firmados todos juntos, etcétera. Cuando nos muestra esta barbaridad, además vemos el cuaderno Rivadavia con números. Él no tenía a ciencia cierta el porcentaje que quedó para la Comuna y el que fue a la Patrulla del Río», destacó.
Flores remarcó que además no coinciden los montos anotados a mano por el tesorero y el dato de «ingresos varios». «Se hizo un manejo totalmente irregular con el estacionamiento del río y no se sabe a ciencia cierta cuánto se recaudó«.
Esta nueva irregularidad se suma a, por ejemplo, el caso de la supuesta compra de teléfonos para familiares de la jefa comunal o del Plan Aurora, donde el arquitecto cobraba «por partida doble»: llevó adelante la ejecución de la obra y era su propio contralor.
«No entendemos , nadie vio que no se ingresó nunca contablemente el total de lo que se recaudaba. Da para que cada uno saque sus conclusiones, que no van a ser positivas», finalizó.
