8 de Marzo: Historia del Movimiento de Mujeres Trabajadoras

La historia del movimiento de mujeres en lucha por la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo, se remonta a épocas antiguas.

Una obra griega del año 411 A.C. relata una huelga de mujeres que, marginadas de las actividades principales de la sociedad, desarrollaron esta forma de protesta como instrumento de negociación.

En el año 1848, en Nueva York, Estados Unidos, en el marco de una convención contra la esclavitud, las mujeres tenían prohibido hablar. En esos días, a modo de protesta, se congregaron cientos de personas, instaurándose así la primera Convención Nacional por los Derechos de las Mujeres.

El 8 de marzo de 1908, las trabajadoras de la fábrica Cotton de Nueva York (EEUU) se encontraban realizando una huelga con permanencia en su lugar de trabajo. El dueño de la fábrica ordenó cerrar las puertas del edificio, y según las denuncias de la época, provocó un incendio en la fábrica que culminó con la muerte de 129 mujeres trabajadoras.

Sintéticamente, el motivo de la huelga había sido la reducción de la jornada laboral a diez horas, ya que en aquel entonces las jornadas eran de doce e incluso más horas diarias. Además, reclamaban por condiciones dignas de trabajo, e igual remuneración respecto de los hombres, que percibían mejores salarios que las mujeres, por las mismas tareas.

Aquella masacre fue producida por hombres que no sólo eran los dueños del capital, sino que también ejercían el poder en todos los ámbitos de la vida social, económica, política, laboral y judicial, producto del sistema patriarcal imperante.  

En 1910, en Copenhague (Dinamarca), cientos de mujeres de 17 países se reunieron en la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, y  decidieron organizar anualmente una jornada de la mujer, con el objetivo de  luchar por obtener el sufragio femenino universal.

Además del derecho al voto y a ocupar cargos públicos, las mujeres comenzaron a exigir el derecho al trabajo, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.

Ese mismo año, se proclamó oficialmente el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en homenaje a las mujeres caídas en la huelga de 1908. Y en 1977, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) designó oficialmente el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer.

Desde entonces, todos los 8 de marzo se conmemora en el mundo la lucha de las mujeres por la igualdad, el reconocimiento y el ejercicio efectivo de sus derechos.

Argentina ha sido pionera en materia de igualdad de derechos,  particularmente bajo los gobiernos de Perón, Néstor Kirchner y Cristina Fernández.  

En Argentina, en el año 1947 las mujeres accedieron al voto, pudiendo además ser candidatas, y cuatro años después ocuparon los primeros cargos como legisladoras.

En la segunda presidencia de Perón se legalizó el divorcio vincular, que fue suprimido por la dictadura de 1955, y posteriormente restituido con la vuelta de la democracia en la década de 1980.

Durante los años 2003 al 2015 se sancionaron la mayor cantidad de leyes igualitarias, desde el retorno de la democracia. Entre ellas, acceso a la salud sexual y reproductiva de las mujeres, Educación Sexual Integral, Ley para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, Reproducción Asistida, Matrimonio Igualitario, Identidad de Género, entre otras. La modificación al Código Penal, que introdujo la figura del “femicidio”, también fue un gran avance en la lucha contra la violencia machista.

En el año 2019 se sancionó la llamada “Ley Micaela” (Ver: https://www.resumendelaregion.com/?p=150228), y en el año 2021, la Ley de Acceso a la Interrupción Voluntaria del Embarazo.

Actualmente, una de las principales demandas del movimiento feminista, es el pedido por una justicia antipatriarcal. 

A pesar de los avances producidos desde aquél fatídico 8 de marzo de 1908, actualmente a nivel mundial y también en nuestro país, continúa rigiendo un sistema patriarcal en donde impera la desigualdad entre hombres y mujeres, sumado ahora el colectivo denominado LGBT+.

Resulta imperioso que desde el Estado se generen políticas públicas con perspectiva de género, ya que ningún progreso es posible sin la participación y el liderazgo plenos y efectivos de las mujeres en todos los ámbitos de la vida.

Ha nacido un movimiento, y ya no puede acallarse el grito de millones de mujeres que entendieron que, a pesar de los avances, la lucha continúa.

 

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