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Adolescencia: los cambios, los límites y la importancia de mantener el vínculo con los hijos

La adolescencia es una etapa atravesada por cambios físicos, emocionales y vinculares que no solo impactan en quienes la transitan, sino también en sus familias. Sobre este tema habló la psicóloga Florencia Alberich en diálogo con La Mañana de Todo Pasa, donde destacó la importancia de comprender los procesos que atraviesan los adolescentes y, especialmente, de sostener los espacios de comunicación.

Según explicó Alberich, durante la adolescencia los jóvenes atraviesan tres duelos simbólicos: el duelo por el cuerpo infantil, el duelo por la identidad y el duelo por los padres de la infancia.

El primero está relacionado con los cambios físicos propios de la pubertad. El crecimiento, las modificaciones corporales y las comparaciones con otros pueden generar inseguridades, especialmente cuando los tiempos de desarrollo no son iguales para todos.

A esto se suma el proceso de construcción de la identidad. “Hasta ayer me gustaba jugar con las muñecas y con los autitos y hoy estoy haciendo challenge de TikTok y jugando en red con mis compañeros”, ejemplificó la profesional para explicar cómo los adolescentes comienzan a explorar nuevos intereses, formas de vestirse, de hablar y de vincularse.

El tercer duelo está relacionado con la imagen que tienen de sus padres. Durante la infancia, los adultos suelen ocupar un lugar de referencia casi absoluta, mientras que en la adolescencia comienzan los cuestionamientos y la percepción de que los padres también se equivocan y no tienen todas las respuestas.

Para Alberich, este proceso también implica un duelo para las familias. Los padres dejan de ser necesarios para cada aspecto de la vida cotidiana y aparecen frases o actitudes que pueden resultar difíciles de recibir, como el rechazo momentáneo a los abrazos, los besos o a ser acompañados hasta la escuela.

Sin embargo, señaló que detrás de esa búsqueda de independencia continúa existiendo una necesidad de acompañamiento. “No te necesito, pero te necesito”, resumió durante la entrevista.

La comunicación cambia, pero no debería desaparecer

Uno de los principales ejes planteados por la psicóloga fue la comunicación entre padres e hijos. Según explicó, muchas familias pasan a tener con los adolescentes una comunicación principalmente informativa: horarios, traslados, dinero, actividades o cuestiones escolares.

El desafío está en recuperar una comunicación vinculada, que permita conocer qué les interesa, qué les pasa y cómo están atravesando esta nueva etapa.

En ese sentido, recomendó que los adultos estén atentos a los momentos en los que los adolescentes deciden contar algo. Muchas veces esas conversaciones aparecen cuando los padres están ocupados, cocinando, trabajando o haciendo otra actividad.

La propuesta es intentar frenar, mirar al adolescente y escucharlo.

“Eso es lo que necesitan: el contacto visual y sentirse escuchados”, explicó Alberich.

También hizo hincapié en evitar asumir inmediatamente el lugar del juez. Frente a una situación que el adolescente cuenta, la reacción adulta puede ser juzgar, retar o dar una lección de vida. En cambio, planteó la posibilidad de escuchar primero toda la historia y luego preguntar qué piensa el propio adolescente sobre lo ocurrido o cómo considera que podría haber actuado.

La idea, explicó, es acompañarlos en el desarrollo de su propio criterio, entendiendo que también van a equivocarse porque están aprendiendo a tomar decisiones.

El grupo de pares y el sentimiento de exclusión

Otro aspecto central de la adolescencia es el vínculo con los pares. Durante esta etapa, los amigos adquieren un lugar cada vez más importante y los adolescentes comienzan a desprenderse progresivamente de la centralidad de la familia.

Alberich señaló que el grupo de pares también funciona como un espacio donde los jóvenes pueden probar distintas formas de construir su identidad.

Pero cuando un adolescente deja de sentirse parte de un grupo, la situación puede resultar especialmente dolorosa. La psicóloga remarcó que no siempre alcanza con decir “ya se te va a pasar” o “buscate otros amigos”, porque establecer nuevos vínculos durante la adolescencia puede ser mucho más complejo.

Por eso, planteó la importancia de validar ese dolor y, al mismo tiempo, ampliar los espacios de socialización. Las actividades deportivas, artísticas o recreativas pueden convertirse en oportunidades para encontrar otros grupos y vínculos por fuera del ámbito escolar.

Redes sociales, celulares y acuerdos

El uso de celulares y redes sociales también ocupa un lugar importante en la vida adolescente. Alberich diferenció las estrategias que pueden utilizarse con niños de aquellas que resultan necesarias con adolescentes.

En lugar de utilizar el celular únicamente como mecanismo de castigo, propuso establecer acuerdos claros sobre horarios y momentos de uso. Esto resulta especialmente relevante porque el dispositivo también puede ser una herramienta de comunicación, estudio y organización escolar.

Además, destacó la importancia de establecer momentos sin pantallas antes de dormir y de que los adultos también revisen sus propios hábitos.

“Tenemos que ser también un poco coherentes y criteriosos con lo que decimos y con lo que hacemos”, señaló, en relación con las situaciones en las que los padres les piden a sus hijos que no utilicen el celular mientras ellos continúan conectados.

Acompañar una etapa de cambios

Hacia el final de la entrevista, Alberich volvió sobre una idea central: los adultos deben ser quienes busquen los espacios de encuentro.

Las conversaciones no necesariamente tienen que producirse en una charla formal. Muchas veces aparecen mientras se lleva a los hijos a la escuela, durante un viaje en auto o en situaciones cotidianas en las que el vínculo se encuentra más relajado.

Para la psicóloga, escuchar sin juzgar, prestar atención a los nuevos intereses y mantener abiertos los canales de comunicación son aspectos fundamentales para acompañar la adolescencia.

La advertencia es que, cuando ese vínculo comunicacional se rompe durante muchos años, intentar reconstruirlo posteriormente puede resultar mucho más difícil.

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