Ya en el año 2010 los cambios implementados en una de las principales plazas de la ciudad, como lo es la Manuel Solares, causaba algo de malestar en los vecinos. El amplio revestimiento con pórfido en las calles y la marcada deforestación en el sector, no hacían mas que evidenciar un cambio radical en uno de los sitios de alto valor histórico de Alta Gracia, por ubicarse a escasos metros de la Estancia Jesuítica declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Algo similar ocurrió hace poco con la puesta en valor de la Plaza de la Memoria o Plaza Mitre; donde también hubo quejas por el retiro de arboles añejos del lugar. Ahora, y en época de temperaturas sofocantes, la crítica de vecinos y turistas está relacionada con el carácter «minimalista» con el que se está convirtiendo, sobre todo, la zona céntrica de la ciudad. Largas cuadras en donde apenas pueden observarse grandes macetones con pequeñas plantaciones y de verde cada vez menos. Mucho cemento y poca oxigenación.
Vivir en Alta Gracia, como así también en cualquier otra localidad del Valle de Paravachasca ha sido para muchos un verdadero paraíso. Sentir ese encanto de pueblo que en gran parte lo diferencia de las grandes ciudades por el verde que posee. Entonces… ¿Por qué erradicarlo?. Ni hablar del daño irreparable que se le hace al medio ambiente. ¿Alguien podrá frenarlo?.
