En un tallercito de Villa Camiares, entre hornos, herramientas y manos que parecen tener memoria propia, Franco Alfaro y Julia Guerra trabajan juntos desde hace años para mantener vivo un oficio que muchos consideran en peligro: el arte del mate artesanal.
Él, orfebre; ella, ceramista. Ambos han dedicado su vida a lo artesanal y al tiempo que exige cada pieza hecha a mano.
“Desde muy chico aprendí de mis padres, que eran artesanos. Siempre estuve rodeado de metales y joyas, de talleres y reparaciones. Con el tiempo, la platería se volvió mi mundo”, cuenta Franco a RESUMEN.
Julia, por su parte, es especialista en cerámica, esmaltado y gres. Sus caminos se unieron, y juntos comenzaron a experimentar, combinando el metal y la cerámica en una pieza tan querida por todos los argentinos: el mate criollo, esmaltado por dentro y por fuera, con apliques cincelados a mano.
Lo que podría ser un simple objeto de uso cotidiano se convierte en una obra cargada de identidad y memoria. “Para nosotros el mate es mucho más que un objeto; es una forma de reforzar la identidad argentina. Ponemos símbolos patrios, buscamos que cada persona se reconozca en él. Queremos que la artesanía no sea un lujo prohibitivo, sino algo accesible y cercano”, explican.
Cada pieza requiere paciencia, dedicación y tiempo. Desde la cocción de la cerámica hasta el cincelado de los apliques en alpaca o bronce, el proceso es largo, meticuloso y profundo. “No podría decir cuánto tiempo lleva cada mate, pero sí que implica mucha entrega”, asegura Franco. Ese compromiso se refleja en cada detalle, en cada curva, en cada calado hecho a mano.
En un mundo donde lo industrializado domina casi todo, Franco y Julia recuerdan que el valor del trabajo manual no está solo en el objeto, sino en lo que significa para quien lo hace y para quien lo recibe. Sus mates llegan a todo el país, desde Ushuaia hasta Salta, y cada cliente que recibe uno de sus productos se lleva un pedacito de identidad, de historia y de pasión.
“Cuando vemos las fotos que nos envían las personas con nuestros mates, sabemos que logramos algo importante: en medio de tantas cosas mecanizadas, la gente sigue eligiendo lo artesanal para acompañarlos todos los días”, dice Franco. Y es que más que un oficio, más que un producto, lo que sostienen es un mensaje de paciencia, conexión y amor por lo que se hace a mano, un recordatorio de que la tradición y la creatividad pueden convivir con la modernidad sin perder su esencia.
En Alfaroguerra, mates con identidad, cada pieza cuenta una historia, celebra un oficio que resiste y demuestra que lo artesanal, lo hecho con tiempo y con corazón, sigue teniendo un lugar privilegiado en la vida cotidiana de las personas.
