Joaquín fue el mayor de tres hermanos de una familia ensamblada, el primer nieto de ambas familias y también el primer sobrino. Era la debilidad de «los Valle» y «Los González» y hoy toda una familia lo llora y pide Justicia por su muerte.
Pasó la mayor parte de su vida en barrio Don Bosco, allí creció junto a Camila, su mamá, e hizo muchas amistades que hoy perduran. «Juancho» era ese fanático de Boca que lloraba cuando su club perdía, así de pasional era. Y era así en todo lo que hacía.
Su sueño era tener su casa propia y estaba construyendo en el terreno de su mamá, en Villa Camiares. «El tenía muchos proyectos, estaba muy entusiasmado con su casita y recién pudo tener su pieza hace unos dos años cuando nos vinimos a este barrio. Ahí tiene todas sus cosas», contó entre lágrimas Camila, a RESUMEN.
A pesar de que no lo gustaban mucho los libros, Joaquín estaba terminando el secundario a distancia y trabajaba junto a su papá para poder cumplir sus metas. Era el confidente de su madre, no había secretos entre ellos, él le contaba hasta las cosas más íntimas y personales. «A veces le decía ‘Juancho’ a esas cosas hablalas con tu papá», recuerda nostálgica Camila, reconociendo que algunas de esas confesiones la sonrojaban.
Joaquín «amaba a su novia, la respetaba. Amaba a sus hermanos, le encantaba estar en el patio con sus perras, así era él. Confidente, compañero y ya no lo tengo más», agregó la mujer.
Ayer, Camila volvió al cementerio y se encontró con decenas de jóvenes que habían ido a visitarlo por el día del amigo. A Juancho no lo olvidan ni lo olvidarán. Su sonrisa quedará guardada en el corazón de quienes lo aman.
¡Hasta siempre bostero!.
