El Estado municipal, con la colaboración de una vecina amadrinando la obra, hicieron posible que el Parque reverdeciera laureles. Que un rincón tan caro a nuestro ser como altagracienses fuera recuperado y renovado casi a pleno, fue una gran noticia y la ciudad toda la tomó como tal.
Hoy, a seis meses de aquel simpático y multitudinario acto, el Parque Infantil luce si no abandonado, al menos bastante descuidado. Ello sin dejar de marcar que durante las horas de la noche, esa manzana es tierra de nadie.
Juegos rotos
Uno de los nuevos toboganes colocados en el Parque (el que tiene forma de pie) ha sido literalmente destrozado en su estructura. A una de las calesitas le falta el volante que permite a los niños hacerla girar y otra directamente ya no está en su emplazamiento.
Los viejos botes de madera (resabios de los antiguos juegos) están rotos, les faltan tablas donde sentar a los niños e incluso lucen amenzantes clavos oxidados. A los subibajas les faltan algunos arneses de donde agarrarse y como si fuera poco esto, las rampas de acceso para discapacitados, tan prácticas, dejan de serlo cuando terminan abruptamente en un escalón de quince centímetros.
Uso, abuso y desidia
“Lo que pasa es que vienen muchísimos chicos todos los días y encima de noche entran grandullones y rompen los juegos”, se queja amargamente un padre.
Tan real es la queja del vecino, como cierto es que al deterioro lógico por el uso y las roturas realizadas por el vándalos, se le suma la falta de mantenimiento por parte del personal municipal. Porque si a los juegos los rompen los chicos o los destrozan los delincuentes, debe ser la Municipalidad quien se encargue de arreglarlos. Así de simple. Y mientras unos logran (queriendo o sin querer) su cometido, otros parecieran dejar pasar las cosas por un costado haciendo la vista gorda sin hacer nada al respecto. Este triste panorama se convierte también en el común denominador de las distintas plazas y parques de la ciudad.
La realidad de los barrios
Un pequeño recorrido por las distintas plazas, pinta un panorama por demás desalentador. En Plaza de los Inmigrantes o en barrio Paravachasca, los juegos se encuentran en pésimo estado; también en Parque del Virrey o en Nuevo Amanecer donde los yuyos van ganándole terreno a las pocas hamacas que sobreviven. Sucede también en Parque San Juan, donde se puede observar un triste y peligroso escenario de hamacas rotas, malezas altas y botellas de alcohol vacías. Lo mismo ocurre en el Paseo de la vías, frente al Polideportivo, donde son muchos más los juegos rotos que los sanos. Estos son solo algunos ejemplos de lo que sucede.
140 mil pesos
fue lo donado al parque e invertido en el mismo.
