Las internas entre De Loredo y Mestre, los escándalos previos al cierre de listas y la fuga de intendentes dejaron a la Unión Cívica Radical provincial en un panorama difícil, que tal vez solo pueda salvarse buscando la dignidad de la identidad.
Las peleas de los grandes dirigentes radicales, Rodrigo de Loredo, Marcos Ferrer, Ramón Mestre y Dante Rossi, entre otros, obligaron en estos meses a que los referentes locales tomaran partido por uno u otro con la única expectativa de que alguno pudiera colarse en una banca que diera oxígeno a sus sectores.
Nada de eso ocurrió. De Loredo quedó afuera. Mestre encara una campaña cuesta arriba con la esperanza de que la crisis de La Libertad Avanza le dé algún aire para alcanzar un resultado digno. Ferrer se quedó sin liderazgo político real y el radicalismo provincial, sin brújula.
¿Y en nuestros pagos?
Algunos piden las cabezas de las autoridades departamentales, Sergio Marín y Eduardo Romero, que se integraron a Provincias Unidas, como forma de empezar a reconstruir sobre las cenizas el territorio. Pero mientras tanto está claro que las peleas por desafiliaciones y expulsiones ya concluyeron hace rato y no son un camino viable hacia el futuro. Y las agresiones y reproches también parecieran haber quedado atrás, o al menos eso sería lo esperable en una opinión pública cansada de tantos vaivenes.
En ese sentido el presidente de bloque de la UCR de Alta Gracia, Martín Barrionuevo, ya deslizó su postura de apoyo a la lista radical y ve como única salida posible trabajar por darle volumen electoral al partido. Una posición tomada que por ahora contrasta con la prescindencia y el cómodo silencio de su compañera de banca Lucía Allende o de la tribuno de cuentas Leticia Luppi, quienes tal vez prefieran esperar a que Rodrigo de Loredo termine de pelearse con la estructura de Milei antes de asumir una postura clara. O con la actitud de Leandro Morer, que brinda fugaces apariciones en los medios solo para anunciar que será candidato a intendente en 2027, como si el contexto de su partido le fuera completamente ajeno.
Mientras tanto, algunos optan por rearmarse y ver qué pueden recuperar de lo que se les fue. Si no es en esta elección, será en la próxima. En esa dirección también parece ir el actual presidente del partido, Flavio Molgara, quien pretende reunir a todos para escuchar posturas. Un poco tarde, tal vez, dirán muchos.
De todos modos, nadie desconoce que los últimos días de campaña y la fiscalización serán decisivos para darle un sentido final a lo que hoy parece un desguace operado por el peronismo. Una crisis y un aparente desastre que también exige una profunda autocrítica de cada uno de los líderes del partido centenario en la región.