Se cumplen hoy siete años del caso que estremeció a barrio Pouluyán. La mañana del 3 de diciembre del 2018 un chico de 20 años se presentaba en la comisaría local y tras pedir insistentemente hablar con el comisario, confesaba haber asesinado a su padrastro de dos disparos en la cabeza.
«Era un chico inofensivo, jamás hubiese pensado que pudiera hacer algo así”. “Fabian era una buena persona, no se merece que lo tilden de violento”, “Eran una familia muy unida, siempre estaban juntos”. Estos, fueron algunos de los comentarios de personas que conocían a los protagonistas de una tragedia familiar sin precedentes en la ciudad: Maximiliano Barga – el autor- y Fabián Romero -la víctima.
Tras la dura confesión, la Policía fue a corroborar lo que el joven decía y, efectivamente, se encontraron con la impactante escena. El hombre, estaba muerto con un disparo en la cabeza y si bien oficialmente no se confirmó como fue el hallazgo, se supo que la víctima estaba recostada en la cama y todo indicaba que habría sido asesinado mientras dormía.
Cercanos, describieron al homicida como un “buen chico”, introvertido, callado y que “sufría bullying” y a la víctima como “una excelente persona. Un gordito bonachón”. Nadie podía entender lo que había pasado.
En su testimonial, Maximiliano declaró haber sido victima tanto él como su madre, de constantes actos de violencia física y verbal de parte de su padre de crianza. Incluso dijo que su padrastro lo había abusado sexualmente en numerosas oportunidades, signándose así mismo como la verdadera víctima de esta tragedia.
Pericias repetidas y discordancia
Cuando el caso ya tenía un año, la discordancia entre psicólogos y psiquiatras impedían en el avance de la causa. «Parte del cuerpo médico señalaba que en realidad, Barga no comprendía sus actos al momento de cometer el hecho pero, la otra parte, sostenía que sí, y lo consideraba imputable“.
Las conclusiones determinaron que Maximiliano era imputable y debía enfrentar un juicio oral como cualquier otro detenido. Esa sentencia llegó en 2021 y fue inédita: Barga fue condenado a 5 años de cárcel, alegando- los jueces- estado de emoción violenta.
La familia de Romero se mostró indignada por la condena y solo unos años más tarde, el joven fue puesto en libertad. Se mudó de ciudad y cambió su vida.
Sin duda, uno de los casos que más conmovió a la región.
