Durante la noche del martes los teléfonos de los políticos locales ardían. La foto de Raúl “Mario Esperanza” Tamborenea sentadito en una reunión del PRO, en la mismísima sede partidaria circulaba de pantalla en pantalla. Entre los radicales la cólera, el estupor, el asombro por no poder entender cómo sus socios invitaron a quien fue uno de los mayores detractores y operadores políticos, detrás de un perfil falso.
Disculpas
Resumen dialogó el miércoles con Roberto Brunengo, quien en su momento puso el cuerpo, la cara, y hasta un cartelito de protesta para denunciar desde lo político la situación: “Es una desprolijidad y claramente uno va a mostrar la respuesta. La desprolijidad refiere al haber sentado a una persona que está sindicada por la justicia común como un operador para torcer la voluntad no sólo de legisladores ajenos, sino también de los propios. Pero lo que hay que tener en cuenta es que ese señor estaba financiado por el Estado Municipal para cambiar las posiciones de quienes nos oponíamos al desembarco del grupo Dinosaurio”. Consultado acerca del vínculo, evidente por una serie de comentarios y publicaciones, entre uno de los integrantes del PRO y el “anonymus” local, Brunengo no quiso opinar, tirando la pelota por fuera de la cancha. No sin antes haber reclamado una explicación. “No sé. Eso lo debe explicar el PRO. Ha habido una equivocación y seguramente va a ser subsanada. Sería de caballeros que nos hagan llegar unas disculpas”.
¿Y Ustedes?
Quien encabezaba la mesa de la reunión, junto a la Senadora Machado (que claramente poco o nada tiene que ver con la elección de los asistentes a la tertulia), era Ignacio Sala, Presidente del PRO a nivel Departamental. Mientras deja entrever que hubo un malestar interno por la situación, Sala asume la palabra de su espacio para recordar a los radicales que poco o nada pueden reclamar a los demás acerca de sus amistades o integrantes de la mesa chica: «En el contexto de una reunión política informal, un vecino de nuestra ciudad pidió participar. No estaba al tanto en lo personal, me enteré en el momento. Pero parecería que se pretende que desde nuestro espacio echemos de la sala de reuniones, para no herir sensibilidades, a gente que, nos resulta, no ha sido condenada. Nosotros estamos armando un equipo para trabajar seriamente. A la hora de escuchar y dialogar con los vecinos, nuestro límite es la corrupción. Con corruptos o condenados por corrupción, ahí no transamos en nada”, afirmó Sala, en clara referencia a Mario Bonfigli, el hombre que nadie puede dejar de nombrar.
Al mismo tiempo Sala lanzó un mensaje preelectoral para remarcar el objetivo de esas “juntadas” en la sede Legislativa: “Creemos que hecha esta aclaración seguiremos trabajando para buscar soluciones a la gente de Alta Gracia. A sus problemas, a sus sueños y a concretar un futuro mejor. Esto es lo verdaderamente importante que nos convoca día a día a todos en nuestro espacio”.
Morer, el espectador
La interna de Cambiemos está cada vez más al rojo vivo. Acá, en la Provincia y en la Nación. En los últimos días fue noticia la seguidilla de declaraciones de referentes radicales de distintas provincias, que manifestaban la exigencia, o el deseo, de una mayor participación del Partido Centenario en las cuestiones “gordas” de gobierno. Alta Gracia no se escapa a esta lógica y los referentes locales fueron dando su opinión: más radicales, más progresismo, más capital de voto, dijeron entre varios.
Lo bueno sería que asumieran que antes de pedir más protagonismo, habría que armarse y hacer bulto. Por lo menos en las cuestiones de sentido común y “caballería”.
Se viene una interna entre la juventud que parece más un ensayo general de la pulseada entre los dos sectores de los “mayores”. Algo debería encaminarse, desde el lunes y algunos inclusive hablan de más diálogo entre casa. Sin embargo no todo está bajo control y a cada rato saltan esquirlas de individualidades “sueltas” o que nadie sabe o puede manejar. Primero, una señora del radicalismo que en la últimas semanas ha tenido dolores de cabeza con la prensa por erráticas declaraciones, hechas, según ella, en nombre de todo Cambiemos. Sin embargo en el PRO nadie parecería dispuesto a volver a sentarse con ella.
Luego, un militante del partido de Macri que invita a una reunión a “Mario Esperanza”, dejando regalado al Presidente del PRO, Ignacio Sala, que asegura no haber sabido (lo que es más grave). ¿Habrá logrado el Jefe Comunal de la Paisanita explicarle a su cuñado, Roberto Brunengo cómo y porqué sentó en su mesa política a una persona que se ha dedicado a difamarlo por meses, perjudicándolo y ofendiéndolo? Y Brunengo, ¿cómo piensa mitigar la bronca y la incomodidad de una situación que roza la agresión personal? Pedía algo simple como unas disculpas y que se admita la desprolijidad, pero llegó otro mensaje: “Ustedes sentados con Bonfigli, un condenado por corrupción, ¿nos piden que echemos a gente sin condenar de nuestra propia oficina?”, parecen afirmar, palabra más palabra menos.
Mientras tanto, sentado cómodo en el sillón, Leandro Morer, el mismo que inició una acción penal contra el Anonymus del Tajamar, mira el espectáculo sin despeinarse.
“No vale la pena hablar. En lo que me pertenece, estoy confiado en la Justicia. Ese capítulo no terminó”, asegura. Claro que no vale la pena, porque mientras los demás tienen que gastar energías en ver cómo manejar a un grupito de envalentonados, el sector de Morer se relame los dedos y puede mostrar una solidez peligrosa. Un armado que incluye a otro sector del PRO, que no tiene acceso al SUM de la calle España y cuenta con amplias posibilidades de sumar al Frente Cívico, en bloque.
