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«Mi papá, Alfredo Moreschi, era amigo del Che y comencé a investigarlo a partir de sus anécdotas»

Contó Nilda Moreschi, historiadora y museóloga de la ciudad de Alta Gracia, en el aire de "Todo Pasa" de FM 88.9, en el marco de su exposición en la Casa Museo del Che Guevara.

Moreschi, quien expone sus trabajos, libros y artículos, folletos, algunos relacionados con historia, otros con los esclavizados y otras sobre Ernesto, en la sala Calica Ferrer del Museo del Che Guevara, hasta el 20 de septiembre, relató en el programa matutino: «Desde el 2 de septiembre, tengo la alegría de poder exponer mis trabajos en el Museo del Che, estoy feliz por esta convocatoria». No está prevista una presentación con la escritora, pero ella está a disposición para acercarse si alguien lo solicita o precisa más información y se armará algo en otro sector de la casa, ya que la sala es pequeña.

nilda moreschi acobijando memorias - Diario Resumen de la región

Sobre cuál es su relación con la entidad cultural-ya que Moreschi fue Directora del Museo de la Ciudad con sede en la Casa de la Cultura y dio varios talleres en la Estancia Jesuítica Casa del Virrey Liniers- dijo: «Tengo algunas historias, aventuras y travesuras que escuché en casa, ya que mi papá, Alfredo Moreschi, fue compañero de escuela de Ernesto y fue uno de los que recibió a Fidel Castro y a Hugo Chávez cuando vinieron a Argentina a visitar el museo. Y por supuesto, luego fue protagonista de muchas entrevistas». Cuando se hizo el cambio de guión de la sala-dentro del museo-, fui convocada y junto a Day Pérez del Centro de Estudios del Che Cuba, la fuimos armando. Ellos trajeron una cantidad impresionante de documentos y fotos de él, hasta pequeñas cartas que el escribió, digitalizadas».

En relación a su padre y sus anécdotas, destacó la importancia de los recuerdos, de los relatos orales que pasan de generación en generación, si bien en esta ocasión eran especiales porque hablaban del Che, Moreschi siempre resalta el valor de los mismos, incluso en su libro de «Leyendas de Alta Gracia» que justamente fue hecho con historias que cruzaron generaciones.

Volviendo al Che, la historiadora comenzó a escribir sobre el revolucionario en la década de 1990 para España, cuando aquí aún no se hablaba sobre el tema. Inició el racconto de datos para su obra con “La infancia de un mito” cuando era peligroso tener ese tipo de documentación en los años setenta, o cuando no existía interés cultural, ideológico ni tan siquiera turístico en los ‘90 sobre ello: “La primera publicación de este trabajo, se concretó en España, cuando el ´Che´ estaba todavía proscrito en nuestra cotidianeidad. Fue en la Revista “El rincón de los artistas” de Vigo, Galicia, España”.

«Fue una convocatoria que no esperaba aunque yo ya venía trabajando e investigando sobre él. Al cumplirse los veinte años del museo, consideraron que era el momento para mostrar mis trabajos: esto es una oportunidad muy grande para combinar los conocimientos locales sobre Ernestito niño con muchos otros documentos relacionados con el Che revolucionario que es el que Cuba enaltece y recuerda, es muy enriquecedor por la experiencia» contó orgullosa.

Las anécdotas de Alfredo y Ernesto

En 2015, la «Guardiana de la Memoria»-como les dice a quienes leen sus libros- habló con este medio sobre varias anécdotas de su papá junto a Ernestito.

«Él jugaba como los demás; cuando no se sentía bien, se iba al fondo del aula, sacaba su inhalador, que funcionaba con un sistema como el del viejo rociador de los peluqueros, al que llamábamos el aparatito (…)”; la anécdota corresponde al relato de Alfredo Moreschi, compañero de escuela de quien fuera, con el andar de los años, un ícono de la Revolución y la Resistencia de los pueblos oprimidos, Ernesto “Che” Guevara.

“Ernestito”, como se lo conocía por entonces, era un niño que como tantos otros se había mudado a la ciudad para combatir sus problemas respiratorios y cursaba estudios primarios en la ciudad, asistiendo al quinto y sexto grado de la Escuela Manuel Solares, la más antigua de la Provincia de Córdoba.

Según cuenta Nilda Moreschi (en ese entonces, vice-directora del establecimiento), su padre y Ernestito llegaban cada mañana al lugar, se colgaban de la campana y la hacían sonar para escapar luego raudamente antes de ser descubiertos por las maestras.

Entre las anécdotas de esa época, la familia rescata la del respirador: “En una ocasión Ernestito hizo algo que disgustó a uno de los hermanos Moreschi y tomaron el ´aparatito´ que tenía para el asma y para hacerlo rabiar, lo pasaban de mano en mano. Al final, se lo dieron, pero él en revancha, se tomó la tinta del tintero nuevo de su hermano”.

La muestra se llama «Acobijando memorias» y puede visitarse de lunes a domingo, de 9 a 19 horas en el Museo del Che Guevara.

 

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