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Abuela de 91 años inició juicio a Pami

Sara Polo tiene 91 años y la vitalidad y lucidez de una persona 30 años menor. A pesar de ésto, durante los últimos años debió soportar 3 cirugías a causa de una prótesis que envió Pami y que se rompió. La afirmación la realiza la familia en concordancia con el parte médico del profesional que la atiende en el Sanatorio Alta Gracia: “Ruptura del material de osteosínteis”, acusa el informe.

“Una institución como Pami no puede poner en riesgo la vida de sus asociados. Si los proveedores que tienen no reunen las condiciones de calidad necesarias, no debería trabajar con ellos”, afirmó su nuera, Margarita.

La odisea
Hace un año atrás, Sara se fracturó la pierna derecha y se le colocó una prótesis. Meses después sufrió la misma suerte con la izquierda y se hizo lo propio. Esta vez, la solución alternativa duró menos tiempo y, mientras la anciana cursaba el pos operatorio (en el que pasaba la mayor parte de su tiempo en cama), se rompió la prótesis y debió soportar una tercera cirugía.

La misma se llevó adelante en diciembre de 2013, pero esta vez la familia no corrió el riesgo y compró una prótesis alternativa con un valor de $11 mil. “Vamos a hacer lo que sea necesario para garantizar su bienestar, pero no es lógico que se haga esto con las personas ancianas”, subrayó su nuera, y agregó: “Cada vez que una persona de la edad de Sara se somete a una cirugía implica grandes riesgos”, señaló.

Debido a la inacción de la entidad, la familia de Sara inició acciones judiciales en contra de Pami en enero de este año. Una dupla de abogados tomó el caso y destacó que ya se han realizado las acciones correspondientes y, debido a que no hay respuesta de parte de Pami, “se va a dar inicio a la demanda judicial para que se integren los gastos ocasionados a la familia de Sara Polo, más los daños y perjuicios derivados de esta situación, ya que no solo atentó contra el patrimonio sino que efectuó daños en la integridad emocional de la anciana”.

Mientras la Justicia sigue su curso, la abuela manifiesta que “está contenta porque puede caminar otra vez”, y acepta sin reproches lo sucedido. Por su parte, Margarita concluye: “La burocracia nos sofocó todo este tiempo”.

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