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El amor transformado en juguetes

Miriam Medina convierte la ternura de mamá en muñecos tejidos para los niños de los merenderos de Alta Gracia. Una historia de fortaleza y superación de madre e hijo.

Miriam es una vecina de Barrio Don Bosco, tiene cuatro hijos y trabaja limpiando casas por hora. Es, a simple vista, una vecina más de la ciudad. Es su historia de fortaleza la que la convierte en una heroína de la vida.

Miriam hace ocho años sufrió un golpe terrible como madre: su hijo más chiquito, Benjamín, cuando tenía un año y nueve meses se bronco aspiró, hizo numerosos paros cardio respiratorios y quedó con parálisis cerebral y cuadriplejia.

“Un médico me dijo que me despida de mi hijo. No me despedí, pero dejé que él elija. Me acerqué al oído y le dije que si él quería irse, que le soltaba la mano. No lo iba a retener conectado a un aparato. Pero si quería estar con nosotros, con sus hermanitos y su familia, que luche hasta el último, que yo iba a estar a su lado”: cuatro horas después un médico se acercó y les comentó que había ocurrido un milagro: Benjamín se había estabilizado.

Miriam busca devolver la gratitud con la que ella y su hijo fueron tratados en la ciudad numerosas veces, cada vez que Benjamín lo necesitó. Sabe que hay muchos papás que no podrán darle un regalo a sus hijos para el día del niño, y para asegurarse de la sonrisa de los más chicos, teje muñecos para que ese día tengan un presente. Es el amor, la gratitud y la fortaleza de madre que la llevan a invertir su tiempo en los más necesitados. Miriam afirma que no necesita dinero para seguir tejiendo, solamente quien pueda colaborar con lana y vellón.

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