Hay muchas historias de parejas que se iban a casar y a último momento uno de los dos descubrió que el otro lo engañaba, entró en pánico o lo pensó bien y suspendió todo. También hay montones de escenas de películas y telenovelas con novios plantados en el altar. Y todos alguna vez escuchamos alguna anécdota de parejas rotas que ya habían pagado la fiesta y hasta la luna de miel.
Bueno, ahora que casi nadie llega hasta el altar, y que muy pocos se animan al civil, aparece una estadística que dice que tres de cada diez parejas que se anotan para casarse no se presentan en el Registro el día elegido. El porcentaje es alto, y la explicación, sorprendente. Al parecer la culpa la tiene el Nuevo Código Civil, más precisamente, la parte que habla del patrimonio del futuro matrimonio, es decir, del dinero, los bienes.
Antes no había elección, las parejas se casaban y todos sus bienes eran gananciales, de los dos (“lo mío es tuyo, lo tuyo es mío”). Ahora las parejas están obligadas a optar por el régimen tradicional o por la convención matrimonial. Esta última modalidad (artículo 446 del Nuevo código Civil), permite que cada uno conserve los bienes propios y sus usufructos. Si bien el Nuevo Código está por cumplir un año (1 de agosto), aún muchas parejas no saben que esto es así, y se desayunan en el Registro, cuando un empleado, al recibir sus documentos y los de los testigos, les explica que tienen que elegir una opción y volver con la decisión tomada 72 horas antes del casamiento. Las parejas se van con esta tarea para el hogar, y al parecer, lejos de allanar el camino de futuras controversias genera grandes peleas. Al punto tal que la decisión que terminan tomando es la de no casarse.
La última estadística del Registro Civil (que depende del Ministerio de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires), dice que el 30% de las parejas anotadas para casarse no se presentan… “Imaginamos que la causa es el Nuevo Código Civil, ya que cuando vienen a presentar previamente sus documentos se enteran que deben decidir antes de casarse qué van a hacer con sus bienes, y entonces muchos después directamente no se presentan -explica a Clarín Mariano Cordeiro, director del Registro Civil-. Y creemos que es por ese motivo porque los que sí se casan no eligen la opción de separar los bienes. Se ve que todavía es algo que la gente no acepta culturalmente”.
Claro que hay suspensiones que tienen que ver con otros motivos, como accidentes u otros imperativos, “pero son los menos, y en esos casos buscan otra fecha para más adelante”, dice Cordeiro.
En cierta manera, tiene lógica. Si ya casi nadie se casa, si ya no hay condena ni mandato social, si los hijos tienen los mismos derechos, si sólo se comprometen los conservadores y los románticos… ¿Qué sentido tendría casarse habiendo hecho previamente una separación de bienes? Eso siempre fue patrimonio de los millonarios, que firman contrato para todo, pero no de los comunes. “Sí -dice Rivadeiro-, es como si el acto del casamiento se vaciara de contenido”.
Texto extraído de Clarin.com
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