Sociedad

28 de septiembre de 2018

La historia de Ezequiel, el joven que caminó desde Córdoba hasta Alta Gracia

Diario Resumen recorrió cementeras, tocó timbres, fue a una y otra dirección hasta dar con él y conocer su historia.

El martes por la mañana, mientras se estaba llevando a cabo el Paro Nacional de transporte, circuló por las redes sociales el vídeo de Ezequiel Sposari quien, desde Córdoba se vino caminando hasta Alta Gracia para no perder su día de trabajo. Diario Resumen recorrió cementeras, tocó timbres, fue a una y otra dirección hasta dar con él y conocer su historia.

Ezequiel tiene 30 años, cuatro hijos y uno en camino. Si bien es oriundo de Alta Gracia, en este momento está alquilando una piecita en Barrio Argüellos Córdoba y su mujer y sus hijos viven en lo de la suegra en Alta Gracia. Ezequiel se levanta todos los días y trabaja. Busca de todas formas el pan de cada día desde los 14 años, cuando dejó la escuela. Su infancia fue dura, a los 10 años fue abandonado por sus padres y tuvo que aprender a los tumbos: “fui aprendiendo de la vida, de personas más grandes que yo que siempre me decían que uno tenía que ser responsable para andar bien. Y yo creo que lo soy, por eso me llaman para hacer trabajos, porque saben que cumplo”, cuenta con simpleza la situaciones difíciles que le toca vivir.

Ezequiel está haciendo un remplazo temporario en una cementera. Con respecto a la increíble caminata, explica: “La mano está muy dura, y como hay tanta demanda, te despiden por nada y después es muy difícil conseguir trabajo”. Ezequiel hace changas, donde surgen: acá en Alta Gracia, en Córdoba y hasta lo llaman de San Juan. “Hago lo que sea. Cuando uno tiene familia tiene que trabajar. Por eso me vine caminando porque tengo el deber de hacerlo y mantener una familia. Me vine porque no me interesaba mucho la distancia, lo único que tenía en mi cabeza era la responsabilidad de mantener mi familia. Sí, mi profesión es albañil pero si no llega a haber de eso, hago de todo un poco”, cuenta.

La vida de Ezequiel Sposari es una de tantas historias de personas que tienen que remarla solos y sin ninguna protección laboral: “Es la vida que nos toca a algunos pero bueno”, dice. Junto a su familia, sueñan con tener algún día la casa propia: “las cosas hay que buscarlas, no llegan solas”, se ilusiona.


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