No eran amigos ni conocidos. Sin embargo las rutas de Córdoba -más precisamente entrando a Yacanto y luego a Alta Gracia- los encontraron. Fabricio Aballay de San Luis y Franco Turrini de «María Susana» de Santa Fe, viajaron hasta Alta Gracia y fueron recibidos con los brazos abiertos por la comunidad.
Fabricio salió hace tres meses, de Villa Mercedes, San Luis. Desde entonces recorre Córdoba, desde Traslasierras hacia el centro. Franco partió desde María Susana, una pequeña comuna ubicada en el límite entre Santa Fe y Córdoba-cerca de Marcos Juárez-. Se cruzaron dos semanas atrás en Yacanto. Cada uno lleva «su vida» encima de la bicicleta: agua, alimentos para el día, abrigo, cocina, silla, cama de dormir y carpa. Fabricio se dedica a las redes sociales, a crear contenido, así que además, porta su computadora, dron y cámara y siempre busca conectarse al wifi. Franco, por su parte, es artista y pinta prendas, como gorras o remeras.
Fabricio contó que cada vez que tenía vacaciones, se escapaba en su bicicleta. Sin embargo, trabajando para obras viales, muchas horas, «ya tenía ganas de renunciar, me pasa un suceso y renuncié. Estuve una mes con mi familia y luego y salí». Tiene 23 años y allá dejó a sus padres, «hoy tengo todo el tiempo para mí, antes se lo dedicaba a una empresa» concluyó el joven.
«Voy cargado con muchos kilos, me he bancado hasta menos 6 grados. Tengo 33 años, tengo un par de golpes en proyectos, siempre fui emprendedor. Tuve un intento de ferretería pero la pandemia nos tiró abajo. Allá dejé a mis abuelos, mis padres, mis sobrinos que tiran mucho» contó Franco.
Franco fue a visitar su familia a Rosario dos semanas atrás y allí le robaron su celular. «Fue muy bueno encontrarlo a Fabricio, ya que estaba con un poco de miedo, sin celular, sin poder comunicarme con mi familia, durmiendo al costado de la ruta en Villas Ciudad de América». «Es esencial encontrar otra persona para ciudarse las cosas, en especial si se respetan los tiempos» expresó Fabricio. Cabe destacar que una vez aquí, una familia le regaló un celular a Fabricio, fue a su empresa de telefonía y recuperó su número.
«Creo que en estos viajes se generan lindas conexiones, que parece que nos conocierámos de toda la vida» manifestó el santafesino. De allí partieron hacia Carlos Paz y hoy se encuentran en Cabalango.








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