Editorial

Bolsa de gatos

La campaña arrancó hace unos días y gran parte de los militantes decoraron la ciudad con cartelería de Llaryora-Vigo en una etapa de camaradería y entendimiento como pocas veces se ha visto en el PJ local. Sin embargo… el aire puro se enturbió cuando Judith (una de las más fuertes punteras que tiene la línea de Saieg) discutió con Pablo Ortiz, mano derecha del Vicegobernador en la región; y de los 100 militantes que arrancaron el primer día de la campaña, solo 10 ocupaban la amplia sede de calle Arzobispo Castellanos este martes. “Se van todos hasta que venga Walter, no se hagan problema por Facundo, no va a hacer nada con ustedes porque se va en diciembre”, adelantó Judith… y los muchachos obedecieron.

La suma de alguna que otra actitud que no sólo desconcertó sino que también ofendió a los militantes hizo que la reunión no se hiciera esperar y el martes por la noche Facundo Torres, Walter Saieg y algunas segundas líneas pasaron varias horas debatiendo. “Tenemos que ordenar esto”, dijo uno de los referentes locales y así fue como quedó Saieg a cargo de la campaña en el Departamento, mientras que Torres hará lo propio en la ciudad. ¿Y Ortiz? “Y… Ortiz estuvo esperando bastante para esta oportunidad, y cuando la tuvo la desaprovechó, pero así no son las cosas”, se le escuchó decir a uno de ellos. ¿Verticalismo peronista o consenso obligado?

El miércoles al mediodía, las oficinas quedaron vacías; todos se fueron raudamente al partido para ver cómo se había ordenado la situación (cuando decimos todos, decimos TODOS, ya que la sede partidaria era un ir y venir de funcionarios de primera, segunda y tercera línea).

Mediante un discurso que dejaba en claro quiénes siguen tomando las decisiones en el Departamento, la campaña se reinició y los aplausos no se hicieron esperar. Allí estaban, todos juntos, unidos y decididos a darle pelea a un Cambiemos que optó porque la campaña sea llevada adelante por el propio presidente de la Nación sin que esto se replique en el interior del país.

“Hay personas muy viejas trabajando, hay que respetar eso”, dijo uno de los militantes que no salía de su asombro cuando la mano derecha de Llaryora les pidió los cuadernos a los punteros, “¡eso es algo sagrado para ellos!, ¿cómo les va a pedir eso?”, manifestó.

Sin dudas, y muy a pesar de que en plena época donde las redes sociales parecen dominar la comunicación de buena cantidad de dirigentes políticos, los punteros continúan siendo el arma más fuerte a la hora de persuadir a quienes todavía no tienen decidido su voto, o a quienes no alcanzaron a entender que el peronismo -a pesar de todo- siempre termina “unido”.

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