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El mito del eterno retorno: siete años por el mundo en bicicleta

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Mate en mano, con mirada firme y palabras seguras, Francisco Cámara (Fran) cuenta una y mil veces anécdotas de viajero que seguramente no se agotarán en una sola charla. A poco de empezar la conversación uno se da cuenta que es una persona enriquecida por la experiencia que vivió durante los casi siete años de travesía. Elegimos que nos contara la historia desde el final.

Estar acá significa readaptarte a una realidad que hace mucho no vivías…
Yo lo defino como una reinserción en otra actividad. Me fui hace 11 años, pertenecía a un círculo determinado, hacía determinadas actividades y ahora tanto tiempo después vuelvo con otras visiones, con otras maneras de pensar. Es una reinserción hacia algo nuevo.

¿En qué cambia la cabeza de una persona luego de andar tantos años por el mundo?
Sin dudas que cambia para mejor; me he conocido más a mí mismo viviendo de esta manera durante siete u ocho años que si hubiera hecho otra forma de vida. Es una vida muy propicia para el autoconocimiento, para pasar tiempo con uno mismo. Cuando uno tiene una vida más convencional, el hecho de la demanda laboral, la demanda social, los compromisos hacen que no se tenga tiempo para analizar ciertos procesos internos que uno vive todos los días.

Jugabas al golf profesionalmente; al dejar, sentiste que debías llenar ese vacío y decidiste salir a recorrer el mundo, ¿puede resumirse así?
Entre otros motivos, si. Uno de los motivos del viaje fue ese, el hecho de haber hecho una actividad durante tanto tiempo y decidir cambiar me dejó una sensación de vacío que tenía que canalizar y me pareció que esto era lo más acorde.

¿Antes se te había pasado por la cabeza el recorrer el mundo en bicicleta?
Siempre me había gustado la idea de viajar, pero viajar no fue más que el medio para conocerme a mí mismo, que fue la finalidad en sí misma, viajar fue una herramienta.

¿Por qué partiste desde Barcelona?
Yo vivía en las Canarias y Barcelona fue una base para partir. Bien al oeste de Europa para llegar al otro lado del mundo, China y Singapur. De ahí partí por el sur de Europa para iniciar.

¿Tenías una ruta preconcebida, armada?
Normalmente la ruta uno puede proyectarla como máximo una semana, cada 500 km que es lo que se hace en una semana. Pero cuando salí eran tantos los miedos y los pensamientos internos que la mente la tenía bastante anulada y no podía proyectar nada, yo simplemente pedaleaba. No conocía nada de los lugares que visitaba; no preparé el viaje. Normalmente los viajes se preparan con meses o años de antelación, en mi caso desde que decidí hacer el viaje hasta que estuve en carretera habrán pasado dos semanas, no más de eso.

¿Viajaste siempre solo?
Tal vez un 20 por ciento del viaje lo hice junto a otros viajeros que me iba encontrando en el camino. Hubo también otras diez personas muy cercanas que se han ido iniciando conmigo y han viajado junto a mí. Siento que he sido un nexo entre esta forma de vida y esta gente que quería probarlo; las personas que viajan de esta forma tienen su propios ritmos y formas de viaje, lleva su tiempo acomodarse a los tiempos de ellos y acompañarlos.

¿Gente de donde y en dónde?
En India encontré a un chico italiano con quien recorrimos juntos parte de la China; En Australia conocí a una chica argentina con quien viajamos juntos y a dos argentinos más. En Tailandia, a una pareja con quien recorrimos muchos sitios. En Alaska nos reunimos con mis dos grandes amigos de la infancia (Nicolás Provenzani y “Tatán” Espina) con quienes habíamos proyectado un viaje en conjunto hasta Alta Gracia. Por distintos motivos no pudimos hacerlo juntos y cada uno lo hizo a su propio ritmo.

¿Tenés contados los países por donde pasaste con tu bicicleta?
Calculo entre 60 y 70. Sucede que en países como China, por ejemplo, conviven internamente más de un país por más que políticamente sea uno solo. Tibet, por ejemplo, no podemos decir que sea China. A veces, cambias de un valle a otro, y te encontrás a gente con otro dialecto, con otra religión por más que pertenezcan políticamente a un mismo país. Mónaco, Singapur son países dentro de otros países…

Te faltó Africa. ¿No quisiste hacerlo?
Africa es la guinda del postre. Todo lo que he hecho es como el entrenamiento para el objetivo final que es Africa, y donde tengo todo puesto en creer que ahí voy a hacer el “doctorado” en esto de viajar. No me veía preparado para recorrerla. No la quería ver con los ojos con que miraba en ese momento. Quería vivirla cien por ciento como viajero experimentado.

¿Cómo se hace para vivir tantos años en el camino?
Se desarrolla un mecanismo de supervivencia. Normalmente, yo ahora llego a un lugar y me doy cuenta al instante quién es la persona que me va a dar la posada, quién me va a dar una mano. Antes me llevaba un rato decidirlo.

Pero habrás dormido en todos los lugares imaginables…
Siii. En la India he llegado a tener que colgar una hamaca en la copa de un árbol. Si escribiera un libro sería más interesante si escribo los lugares donde he dormido que donde estuve (risas). En la India no es que uno va a verlos a ellos, ellos van a verte a vos; el “monito”, en la India, es uno. Hay tanta gente en India que si uno se pone una carpa, al minuto uno tiene todo el pueblo alrededor mirando.

¿En China es igual?
En China tienen otras prioridades y otras actitudes. El hindú es más pasivo y tiene más tiempo para ver qué hace ese “monito” que está viendo. En China están inmersos ya en un capitalismo extremo que no los deja ver otras cosas.

¿Qué sacás en firme de todos estos años de viaje?
Como premisa principal, el asombro de salir creyendo que el mundo era de una manera y tener un concepto totalmente distinto luego de haberlo transitado. Un concepto inevitablemente mejor. Los medios de comunicación y los intereses políticos y económicos hacen que uno tenga un concepto equivocado del mundo. Salí pensando que el mundo era un lugar peligroso lleno de gente mala y hoy promuevo que el mundo es una maravilla. Hay gente que piensa que estoy loco, pero garantizo que el mundo es una maravilla.

Volviendo al inicio de la charla, la reinserción. ¿Hasta cuándo te quedás?
Voy a intentar hacerle un regalo a mi familia y a mis amigos y espero tener la capacidad y poder adaptarme a una vida un poquito más sedentaria y pasar un tiempo compartiendo momentos con ellos.

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