Editorial

La libertad bajo la lupa

Supongamos que sí. Que Roberto Brunengo se retracta. Que a pesar de sus convicciones políticas, de su certeza en la acusación y de creer que está en todo su derecho de hacerlo; se retracta. Supongamos que se dio cuenta que al ser Odontologo de profesión, nunca llegó a juntar los $500.000 que le exige Villar. ¿Cómo se sigue? ¿Queda la democracia fortalecida o se debilita? Supongamos que, con la experiencia Brunengo, otros concejales, políticos o periodistas dejan de expresar lo que creen por miedo a tener represalia económica. ¿Se gana en democracia? ¿Se pierde?

Lamentablemente el miedo ha sido protagonista en reiteradas ocasiones en nuestro país. Durante la última dictadura militar los desaparecidos no sólo fueron desaparecidos sino que también cumplieron el rol de “lo que puede pasar” si uno se expresaba con libertad. El miedo silenció a cientos de miles que, por saber lo que estaba sucediendo, prefirieron no exponerse.

Hoy el miedo vuelve a asomar en Alta Gracia. Con otras formas de perseguir: a través de la carta documento. Daniel Villar utilizó la figura de Calumnias, una normativa que en 2009 fue sacada del Código Penal por un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos justamente para garantizar la libertad de expresión de todos los ciudadanos. Se trata del artículo 109 de la Constitución que expresa: “La calumnia o falsa imputación a una persona física determinada de la comisión de un delito concreto y circunstanciado que dé lugar a la acción pública, será reprimida con multa de… En ningún caso configurarán delito de calumnia las expresiones referidas a asuntos de interés público o las que no sean asertivas.” La acusación de Brunengo fue por Abuso de Autoridad y Violencia de Género. Ambas acusaciones en un contexto de ejecución de políticas públicas.

Más allá de la conformidad o no con el desenvolvimiento político del edil radical, la situación lo trasciende considerablemente. Saquemos de lado su figura y pongamos su significado: un representante del pueblo emite un juicio sobre la actuación de un funcionario. Ese funcionario lo denuncia. Ese representante, insisto, es un supuesto; se retracta y no lo vuelve a hacer. Tal vez, como resultado, ningún otro concejal se anime a expresar una opinión comprometida. Tal vez, los periodistas vean el peligro y también comiencen a silenciarse. Entonces esta herramienta de persecución se vuelve peligrosamente efectiva. Filosa.

Vamos a suponer otra cosa. Vamos a intentar ponernos en lugar de Villar. En el lugar de funcionario del Estado. Desde ya que cumplimos un rol de interés público y desenvolvernos con honestidad y eficiencia es nuestro rol. Bien. Supongamos que somos justos. Viene alguien y nos injuria, nos calumnia. Nos acusa de algo que no hicimos. Nos sentimos heridos y queremos hacer algo. ¿Qué hacemos? … Ahora que redacto siento esa impotencia. Pero se que si la otra persona arrepiente por una carta documento, no lo está haciendo realmente. Está reaccionando a una amenaza. Y los $500.000 me alcanzan para viajar a Aruba pero no para sanar mis heridas. En tal caso desearía que todo aquel que creyó que cometí un ilícito sepa que no lo cometí. Tal vez una solución sea expresarme en los medios con testimonios y documentos que acrediten mi veracidad. Si es algo personal, entrevistarme con aquel que emite un juicio, y esta “novela”, quizás tenga un pronto final.

Considerando esto, la reacción de la sociedad y del arco político en este tipo de cuestiones es de vital importancia. Si bien desde Unión por Córdoba están manteniendo un misterioso silencio, el Radicalismo, el Socialismo, el Frente de Unidad Ciudadana y la legisladora nacional de Cambiemos emitieron sus respectivos comunicados expresándose a favor de la libertad de expresión y la democracia. Eso da un poco de tranquilidad. Se están por cumplir 35 años desde la última dictadura militar y no se puede permitir ni un pequeño retroceso en cuanto a libertades. Ya sabemos qué resultado trae la persecución. Por eso, más que una cuestión de Villar – Brunengo, lo que está en juego es la fortaleza democrática de Alta Gracia. Atentos.

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