Editorial

La tercera fuerza

Se ha hablado en innumerables oportunidades de las diferencias que coexisten en el núcleo interno del UPC local, aunque durante los últimos meses se mostraron firmes y unidos, por razones obvias relacionadas a la fuerza que debía tener el partido de cara a las Legislativas, claro está.

Sin embargo, y pesar de los esfuerzos, la intimidad partidaria volvió a salir a la luz  y hay hasta quienes dicen que todo ésto está complicando la gestión de quien debería liderar al grupo.

El oficialismo ya no tiene dos corrientes, sino tres. Por un lado están aquellos que le son fieles a Facundo Torres (su hermano Marcos Torres, el Secretario de Servicios Públicos Iván Poletta, el Secretario de Desarrollo Social Diego Barrientos, el de Innovación Tecnológica Martín Hails, entre otros); además continúan firmes aquellos que responden a la doctrina de Walter Saieg (su primo Juan Manuel Saieg, el tribuno de cuentas Fernando Minas, los concejales Gabriel Medina, Jessica Heredia, Daniela Ferrari, y algunos más), y también hay una corriente (quizás la que más está complicando la puesta en funcionamiento de algunas decisiones) que abarca a los funcionarios que no tienen jefe, los dotados de cierta autonomía que no responden ni a uno ni a otro. “

Nos juegan en contra, no los podemos manejar”, se le habría escuchado decir a un alto dirigente que ya no encuentra la manera de hacer volver al ruedo a quienes deciden por convicciones e intereses propios.  Un caso claro de estos “todo terreno” es Roberto Urreta, quien -luego de haber pasado por la Asesoría Letrada, la Secretaría de Servicios Públicos, la banca del Concejo y la Secretaría General- pareciera no encontrar el rumbo, y hasta trascendió que podría saltar el charco hacia Cambiemos. Si bien el funcionario lo negó cada vez que pudo, habrían habido ciertas actitudes que parecen haber colmado la paciencia por lo que tendría un irremediable regreso al Concejo. Una medida que representa, sin dudas, una camisa de fuerza para quien tiene pretensiones políticas inmediatas desde hace mucho tiempo. De todos modos, todo podría depender de la manera en que pueda manejarse en este nuevo océano.

Otro caso similar es el Asesor Letrado, Daniel Villar, quien cuenta con espalda política para tomar ciertas decisiones, decisiones que muchas veces salieron a negar desde el mismo círculo íntimo del intendente “se trata de un caso particular, inmanejable”, dicen por lo bajo, y le proporcionan cierto espacio para moverse, pero sólo en su terreno.

Se sabe que se han multiplicado los llamados al despacho del intendente para que haga cambios urgentes; si bien algunos de ellos los está pensando, otros ya estarían decididos y será diciembre el mes que el titular del Ejecutivo de el timonazo hacia una nueva flota que pueda sostener algunos logros, y otros muchos que se vienen anunciando y aún no han visto la luz. La mesa chica -constituída por amigos de toda la vida, principalmente- sigue siendo  uno de los reclamos que le hacen sus pares desde hace bastante tiempo; sin embargo parece que no será allí donde estén los nombres de los cambios.

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