Sociedad

18 de junio de 2017

Una familia apasionada por los microautos y los teléfonos antiguos

En el negocio de Roberto Pangos, (padre), cada uno de los teléfonos antiguos funciona a la perfección y los microautos restaurados por Flavio, uno de sus hijos, están siempre listos para salir a la calle.

No existe una regla determinada ni tampoco un sólo punto de vista para comenzar una colección. Las personas que se dedican a coleccionar –que no consiste en una mera acumulación o almacenamiento de objetos- lo hacen a partir de una pasión que suele ser transmitida a través de las generaciones. Algunos prefieren decir que se trata solamente de un hobby como sucede con los integrantes de la familiaPangos. Más allá de su actividad comercial, padre e hijo que se dedican a buscar, restaurar y coleccionar tanto extravagantes microautos como teléfonos antiguos.

El coleccionista establece una especie de historia de amor con el objeto ya que por lo general no puede ponerle precio a cada pieza restaurada, sino que más bien su valor está ligado a lo afectivo y al tiempo dedicado para devolverlo a su originalidad. Una vez logrado el objetivo, el coleccionista disfruta de su obra y lo comparte con amigos y familiares. En este caso, en el negocio de Roberto Pangos, (padre), cada uno de los teléfonos antiguos funciona a la perfección y los microautos restaurados por Flavio, uno de sus hijos, están siempre listos para salir a la calle.

Los “ratones alemanes”
Fue durante el gobierno de Arturo Frondizi que se abrió la importacíón de automóviles y fue así que desde la Alemania de post guerra llegaron éstas latitudes los primeros Messerschimitt. Como era lógico, no tardaron mucho en hacerse notar por su pequeñez y original diseño, y los criollos los bautizaron como los “ratones alemanes”. “Mi papá en su juventud había tenido uno de esos autitos y uno lo guardó mucho años en una cochera para su primer hijo varón”, recuerda Flavio; y apunta: “Pero ese no fui yo sino mi hermano y mi papá se lo dio cuando cumplió los 14 años”. Hoy Flavio tiene 44 años y recuerda que también en su adolescencia le insistía a su padre para que le compre uno, hasta que -fiel a su palabra- su padre, cumplió con la promesa.
“En mi casa se respiraban estos autitos pero una vez mi hermano vendió el suyo y la persona que se lo compró también insistió en llevarse el mío. Como yo estaba en una etapa en la que había perdido el interés tomé la mala decisión de vendérselo”, manifiesta Flavio; y agrega: “Pasaron los años y me agarró la nostalgia, así que salí a buscar uno y pude encontrarlo. Tuve que trabajar mucho para arreglarlo porque estaba bastante feo”.
Dos años enteros le llevó restaurar al reluciente Messerschimitt KR 200 modelo 1957 que aún guarda en su chochera taller. “Lo compré en el año 2002; en el 2004 lo puse en marcha y desde ese momento lo vengo usando”, afirma.Pangos, quien se considera una coleccionista. También forma parte del grupo Dynastar que reúne a los fanáticos de los microautos y con su Messerschimitt KR 200 participa en diferentes exposiciones y competiciones de regularidad. “En esas carreras uno elige la velocidad y en algunos tramos llega a los 60 kilómetros por hora. Son autos que tienen un atractivo especial y en cada uno de los eventos a los que vamos siempre le sacan una sonrisa a la gente”, comenta.

El señor de los teléfonos
Además de la pasión por la mecánica y los microautos, Roberto disfruta de la música y de reparar teléfonos, nuevos y antiguos. Tiene 73 años y sigue al frente de su local de reparaciones en el que lo acompaña su hijo Flavio. “Yo comencé en el año 1968 haciendo la radio de música ambiental. Nos habíamos ubicado en un local que estaba en el centro de la ciudad e instalamos un equipo de amplificación de sonido con grabadoras y reproductores de todo tipo. También habíamos armado una red de cables aéreos para los cuatro puntos cardinales y transmitíamos 16 horas de música de todo tipo sin publicidad”, recuerda Roberto; y añade: “La función era ambientar los comercios, sanatorios, oficinas, fábricas y hoteles con una música suave. Por ese servicio cobrábamos a los clientes un derecho de conexión y un abono mensual “. Ese emprendimiento duró aproximadamente unos veinte años “hasta que comenzaron a aparecer las primeras radios de frecuencia modulada”. Al igual que su hijo, Roberto es un apasionado por los objetos antiguos y colecciona teléfonos a partir de ser uno de los pioneros en realizar instalaciones en toda la ciudad. “Con el tema de la música ambiental yo tenía un trato permanente con los abonados y entonces una vez me llamaron del Policlínico Ferroviario Eva Perón.

El director de ese momento me consultó por unos teléfonos que tenían en los consultorios y se comunicaban con la dirección central. Nunca los habían podido hacer funcionar. Entonces yo estudié el tema y me largué a ponerlos en marcha”, recuerda. A partir de ahí comenzó a trabajar en el rubro porque “partamos de la base – dice Pangos- que en esa época no había mucho en el tema de comunicaciones., muy poca gente que tenía teléfono”. Su local de la calle Prudencio Bustos está atiborrado de teléfonos. Exhibidos en la vidriera y en el interior relucen aparatos de antaño. Los hay de todo tipo; a manija, a disco y con botones. Sin embargo, el más antiguo y el que más se luce cuelga de una de las paredes: “Ese pertenecía a una cantera del ferrocarril. Todos los que están acá, funcionan”, asevera Roberto con una pequeña sonrisa.

Orgullo argentino

El Dinarg D-200 es un microautoautoportante que fue diseñado en Córdoba entre los años 1959 y 1962. Solamente se fabricaron 200 unidades por lo que en la actualidad se lo considera un auto de colección. Su nombre se refiere a la sociedad anónima que creo un grupo de industriales e ingenieros a la que denominaron Dinámica Industrial Argentina. Flavio Pango también conserva uno de esos en el taller de su casa y comenta: “Este auto lo conseguí en Alta Gracia pero para restaurarlo tuve que encontrar siete cascarones más de este tipo de autos. Al principio lo compré para tener repuestos porque comparten la misma mecánica con el Messerschimitt KR 200. Pero como el auto estaba bastante entero era un crimen desarmarlo, así que me lo quedé y me puse a restaurarlo. Hoy encontrar un auto de este tipo es bastante raro y como fue fabricado acá, es un orgullo cordobés”.

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